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Enquisas

Para superar a crise...
 
El lobo ibérico: Una perspectiva global del conflicto de su coexistencia. PDF Imprimir Correo-e

cuadro_1.jpgEste artículo intenta aportar otra visión del conflicto entre la población humana y el lobo, alejada de los tópicos y más cercana a una realidad poco difundida, que incluso para algunos pueda resultar incómoda. Un artículo de Rubén Portas, miembro de la Asociación para la Conservación y Estudio  del lobo ibérico.

Un conflicto sobredimensionado

Una mala percepción sigue anclada en algunos sectores de la sociedad acerca de la presencia de especies cuya coexistencia es conflictiva, como el lobo ibérico. Desgraciadamente, esos mitos que enmascaran la realidad ecológica de este animal siguen alimentándose mediante las noticias sensacionalistas publicadas a diario por algunos medios, dificultando de este modo la coexistencia pacífica entre la especie humana y el lobo. En dichas noticias, es habitual un posicionamiento unilateral, con el aporte del único testimonio de los afectados siempre carente de un mínimo rigor y con un alto grado de subjetividad. Además, es común el uso de palabras despectivas como alimaña o de frases que hacen referencia a una amenaza infundada de peligro para las personas por la presencia de lobos en zonas humanizadas (1).El enfoque centrado en impactar el público propio de las noticias relacionadas con los daños de lobo se convierte en una amenaza añadida para la especie, ya que favorece un ambiente tenso y conflictivo desde el cual los gestores, bajo una presión política y social, acaban adoptando medidas que conllevan la muerte injustificada de lobos en batidas y controles,  drásticos parches temporales a conflictos ancestrales.

Un miedo infundado

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Imágenes medievales que retratan lobos robando niños a sus propias madres están ancladas en la memoria humana.
Varios estudios de radiomarcaje realizados en la península Ibérica (2,3) demostraron que el lobo presentaba un comportamiento adaptado a un medio muy antropizado. Obligado a convivir a diario con las actividades humanas, esta especie se aproxima a veces a los núcleos urbanos y llega puntualmente incluso a criar en la proximidad de los mismos sin apenas ser vista, gracias a su comportamiento esquivo y huidizo. Sin embargo, el miedo derivado de la presencia de este animal sigue siendo desorbitado (4). A pesar de que los escasos ataques de lobo al hombre son de dudosa veracidad y llenos de contradicciones, es habitual que los medios de comunicación difundan un peligro infundado. Ante estos hechos, la mejor respuesta es mencionar que cada día millones de personas viven y trabajan en ambientes frecuentados por lobos sin lograr jamás ver uno y que los casos de ataques que figuran en archivos del siglo pasado siguen siendo raros y siempre difíciles de documentar con la objetividad necesaria (5).

  Existen numerosos testimonios de tramperos que cuentan como al descubrir la guarida del lobo, la despojaban de cachorros bajo la mirada atenta de la hembra y, como el  miedo que este animal le tiene al ser humano, la mantuvo alejada durante el tiempo que duró el expolio (6). Sin embargo, es posible que en encuentros fortuitos con la especie, ejemplares que nunca han avistado a un hombre, permanezcan quietos y vigilantes sin empreder la huida. Numerosas especies adoptan este comportamiento curioso y no por ello es desafiante ni peligroso.

¿Cuál es el impacto real socioeconómico del lobo?

Hay numerosas evidencias que señalan que el número de daños que se producen en la cabaña ganadera, así como el número de reses afectadas,no está relacionado con la densidad de lobos en la zona sino con el tipo de manejo del ganado (7,8,9).  Incluso en zonas con una buena densidad de ungulados silvestres se pueden producir daños a pesar de la preferencia de los lobos por presas salvajes. Esto parece deberse al balance energético coste/beneficio a favor de la depredación de ganado doméstico frente a presas silvestres y a la satisfacción del impulso de depredación (10). En algunos casos, se producen situaciones de sobrepredación o lobadas, cuyas consecuencias pueden incrementar la muerte del ganado, por depredación directa, asfixia, ahogamiento o despeñamiento de las reses domésticas, e incluso verse influenciada por la existencia de instalaciones demasiado permeables a la entrada de un depredador, tales como un lobo o un perro.

La Dirección Xeral de Conservación da Natureza de la Xunta abona cada año aproximadamente el coste de unas 1.300 reses muertas a raíz de los ataques de lobo. Si tenemos en cuenta que la comunidad gallega cuenta con 60 a 70 grupos reproductores de lobo ibérico y que entre 300 y 500 ejemplares componen dicha población, podemos concluir que los daños no son tan cuantiosos como los titulares de ciertos medios nos hacen creer. La realidad es que los ataques de lobo afectan a menos del 0.1% del ganado gallego que pace en régimen extensivo. Los escasos datos que se disponen de otras comunidades autónomas apuntan hacia la misma dirección.

En 2005, en el marco del Programa Life "Coex" financiado por la UE y realizado en cinco países europeos que tuvo por objetivo el seguimiento de los conflictos agroganaderos en áreas con presencia de depredadores y la implantación de técnicas de gestión basadas en la prevención de daños, se pudo comprobar como la afección causada por los lobos sobre reses domésticas era sólo del 0,51% de los censos ganaderos.

De modo general, la cuantía de los daños realizados por toda la población de lobo en el Estado español asciende al millón y medio de euros anuales, lo que equivale a la construcción de unos 250 metros de autovía. Partiendo de esta realidad, entendemos que es una suma muy soportable por las arcas públicas y que el lobo no supone una de las causas del fin de la ganadería.

Por ambas partes, un mayor grado de implicación es necesario.

La política de gestión del pago de los daños que genera la fauna salvaje por parte de las administraciones amplifica económicamente el conflicto y podría negativizar la actitud que hacia el lobo tienen aquellos que sufren los daños. Los aspectos más polémicos son la adecuada valoración económica de las reses afectadas, el pago del lucro cesante y la agilidad a la hora de abonar la indemnización.

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Existe una estrecha relación entre los incendios primaverales en las sierras gallegas y la ganadería extensiva que en ellas pastorea. El fuego impide el avance del matorral y la sucesión ecológica que a su vez privarían de pasto a las reses.
Desgraciadamente, el conflicto no remata una vez solventadas esas carencias. En las zonas en las que la administración hizo serios esfuerzos por subsanar dichas solicitudes, en lugar de exigirle a su vez a los propietarios del ganado afectado una serie de compromisos que contribuirían al descenso del número de daños (y una mejor gestión de los fondos públicos), apreciamos como cada vez que los sindicatos ganaderos reclaman en prensa controles por un aumento infundado en la población de lobos, éstos son concedidos, siendo uno o varios lobos abatidos y pagando con su vida la dejadez y la falta de implicación de la administración a la hora de atajar el problema.

 Si a lo anteriormente mencionado, añadimos el hecho de que la cantidad pagada por daños sea irrisoria respecto a lo ingresado en concepto de los subsidios agrarios (11, 12) (que además están subrogados a compromisos de conservación del medio natural y a la adopción de buenas prácticas agrarias que raramente son asumidos), la escasa implicación en la adopción de métodos de prevención por parte de los afectados (varias líneas de subvenciones quedaron desiertas de solicitudes, (11)) y la estrecha relación existente entre nuestra ganadería extensiva y los incendios (13)  o la proliferación del veneno y los lazos, hacen que cuestionemos la eficacia y el fin de política actual llevada a cabo por las administraciones, basada en contentar a los damnificados concediendo a la vez controles de lobos e indemnizaciones, que solo sirven para crear situaciones recurrentes en el tiempo de conflictividad, como suceden en amplias zonas que intentan ser recolonizadas por los grandes carnívoros. 

Non hay soluciones fáciles a conflictos difíciles

La problemática derivada de la presencia del lobo varía a lo largo de su área distribución en función de varios factores como la disponibilidad de presas silvestres, el tipo y la carga ganadera de cada zona y su manejo en cada una de ellas, además de otros factores sociales y naturales como puede ser el arraigo de la tradición cinegética y su impacto económico (14). No existe por lo tanto una solución común a todas esas zonas para lograr la convivencia pacífica entre el lobo y el hombre.

En Galicia, a grandes trazos, se dan dos casos:

1) Ganado equino y bovino en régimen extensivo.

En las sierras de la mitad occidental de Galicia, coincidiendo con una densidad baja de ungulados silvestres, vive una importante cabaña de ganado equino y bovino en régimen extensivo. Los daños afectan a los potros y terneros y tienen lugar principalmente en dos épocas: en primavera (durante la época de partos del ganado) (15,16) y en otoño (cuando los lobeznos cazan con los adultos y su alimentación implica un mayor requerimiento de comida). Cabe destacar que en la mayoría de estas sierras no hay apenas presencia de aves necrófagas (buitres alimoches, etc.), por lo que dada la alta densidad del ganado equino y bovino, sin duda, los lobos ejercen un papel fundamental en el ecosistema, constituyendo un eslabón muy importante en el ciclo bioquímico.

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Una comparación entre la distribución del ganado equino en Galicia (mapa de arriba) y la de los ungulados silvestres (corzos y jabalíes) permite explicar la presencia de grupos reproductores de lobo ibérico en áreas humanizadas y desprovistas de presas silvestres.

La solución es complicada y pasa por una mayor implicación en los dueños del ganado en cuanto a la custodia de los ejemplares jóvenes (como guardarlos en recintos). Además, la restauración de las poblaciones de ungulados silvestres en estos entornos puede contribuir a disminuir sustancialmente el conflicto. En países que cuentan con notables poblaciones de ungulados silvestres se constatan pocos ataques al ganado (17).

2) Ganado ovino y caprino.

En este caso, para prevenir los ataques al ganado, los métodos preventivos pueden ser una solución definitiva. Guardar los rebaños de ovejas y/o cabras en recintos cerrados por la noche y el uso de mastines (al menos dos y preferentemente de razas autóctonas) para vigilar el rebaño durante el día, se mostraron los métodos más eficaces (18). Pero, el conflicto se complica cuando los propietarios de las reses afectadas no son ganaderos a título principal y tienen unas pocas cabezas de ganado que pasan desatendidas gran parte del día. En ese caso, sólo cabe esperar una mayor implicación de los afectados en la custodia del ganado.

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Se ha demostrado la eficacia de los mastines en la custodia del ganado.
Es curioso leer que en 1549, las Ordenanzas de Vilalba ya obligaban a los pastores a tener "continuamente dos perros mastines de sobre año y si no los tuviere y lobos mordiere o matare alguna res que pague la res muerta o el daño de la mordedura" y que a pesar de ello, hoy en día, sigue habiendo explotaciones en áreas loberas sin ningún método de prevención y escasas o nulas intenciones de hacerse con ellos. Por ejemplo, en Asturias, las subvenciones para su adquisición han recibido muy poca aceptación por parte del gremio ganadero, quedando incluso algún año desiertas (11).

Es significativo el hecho que las pérdidas de ganado son más reducidas donde los lobos nunca han sido eliminados. La razón es que los pastores no han perdido ni los conocimientos, ni las prácticas adecuadas para la protección de sus rebaños frente al lobo. Además, no han desarrollado los sistemas reivindicativos mediáticos mencionados anteriormente, por lo que esa coexistencia pacífica pasa más desapercibida.

Existen varias vías que podrían contribuir a progresar más allá de esta situación. La primera es el establecimiento de un sistema escalonado de pago por daños que consiste en ir disminuyendo porcentajes de la indemnización a abonar si tras sucesivos ataques al ganado, el ganadero no adopta ningún método para proteger sus reses, lo que, necesariamente, le obliga a una mayor implicación en el asunto. Está demostrado que una mejora en la custodia del ganado repercute directamente en una disminución de  ataques (19). Algunos estudios demuestran que para evitar los daños es necesario que los predadores y el ganado se separen drásticamente en el espacio y/o en el tiempo, o que se cambien las prácticas ganaderas y se proteja más a las reses (20).

 Por otro lado, en la actualidad, la administración trata del mismo modo a los ganaderos a título principal y a los simples propietarios de ganado. Entendemos que el cobro de ayudas públicas debe estar supeditado a los ganaderos profesionales cuya dedicación y modo de vida dependa del sector, y que para el cobro de las mismas, debe exigirse la adopción de medidas preventivas.

La Unión Europea exige por su parte que las políticas de pagos por daños y subsidios estén ligadas a la condición de presencia de grandes carnívoros en las zonas de producción. Por ejemplo, en la península Escandinava, se condicionan dichas ayudas al mantenimiento de unidades reproductoras de depredadores como el glotón (Gulo gulo).

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Una gran cantidad de ganado muere en las sierras gallegas por causas naturales a lo largo del año, lo que permite la supervivencia de animales que se alimentan de carroña, como los lobos.
Es evidente que los ataques al ganado son un problema (socioeconómico, etc.) y no se trata de minimizar sus efectos, pero hay que reflejarlos en su justa medida. Varios estudios demuestran que las enfermedades se cobran anualmente un mayor número de cabezas de ganado que los propios depredadores (21). Según fuentes del Departamento de Agricultura de los EE.UU, de los 104 millones de vacas criadas en el 2005 en dicho país, los 1.400 lobos que existían mataron 4.400, mientras que los perros mataron 22.000 y los problemas digestivos causaron la muerte de 648.000 reses ).

Las batidas y el control indiscriminado no son la solución

Es frecuente, que tras ataques reiterados de lobos al ganado se cree un ambiente tenso. A menudo, ante la presión mediática generada, la administración concede sin análisis previo del caso, batidas o controles de lobos como solución más rápida; con la discutible premisa de que una vez desaparecido el causante de los daños, el problema llega a su fin. Sin embargo, la realidad es bien distinta y nuestra experiencia nos demostró que las batidas son soluciones drásticas y temporales, ya que la aparición de nuevos lobos en la zona propicia el retorno de otro conflicto, un nuevo pago de los daños y otra matanza de lobos, sin realmente recurrir al proceso de análisis y empleo de alternativas más duraderas a medio y largo plazo citadas en los párrafos anteriores.

Un estudio científico sobre las variaciones del censo ganadero en territorios que habían sido recolonizados por depredadores, evaluó la eficacia de los esfuerzos de las administraciones para mejorar a largo plazo la viabilidad de la industria ovina mediante la reducción de pérdidas por depredación a través de campañas masivas de exterminio de depredadores (22). Las conclusiones de ese trabajo indicaron que los costes de producción y los precios de mercado son los que explican las fluctuaciones en el número de ovejas y no el control de depredadores.

Un caso más sangrante tiene lugar en la Sierra del Cuera (Asturias), que se declaró zona libre de lobos y debido a ello, cada lobo que es detectado en la misma, es automáticamente eliminado. Sorprendentemente, las ayudas agroambientales ligadas a compromisos de conservación del medio natural, no fueron recortadas. Aprovechando la ocasión, el Partido Popular prometió que si ganaba las próximas elecciones locales, extendería está zona libre de lobos a la falda norte de Picos de Europa. ¡Recordemos, el único Parque Nacional con presencia de la especie!.

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Diversos estudios en diferentes lugares demuestran que las pérdidas de ganado por muerte natural son superiores a las pérdidas por depredación. Nuestra experiencia de campo nos indica que las pérdidas de reses por robo (Theft) en Galicia no deben ser nada despreciables.

Consideramos ineficaz e injustificada la concesión de batidas como alternativa rápida a los daños. Entendemos adecuada la autorización de controles realizados exclusivamente por miembros de la administración, una vez demostrado el compromiso de los afectados en atajar los daños y tras la adopción de todos los métodos de prevención de posibles. Además, el control deberá ir orientado únicamente a los ejemplares causantes de los daños y no a la realización de batidas en amplias áreas. La extracción de ejemplares genera efectos en la estructura de población y demografía mal conocidos, merecedores de una consideración especial, sin ahondar en las consideraciones éticas de la caza deportiva en general y de los grandes carnívoros en particular (23).

Obviamente, debe manifestarse por parte de la administración una clara persecución del furtivismo y como muestra de ello, debería ostentar varios resultados palpables tales como detenciones y denuncias, que actualmente brillan por su rareza.

Unas conclusiones para contribuir a la conservación del lobo

Es lógico, al escribir sobre una especie tan emblemática y multifacética como el lobo, rematar este artículo recordando la gran cantidad de apartados que quedan en el tintero.

No hubo lugar para abordar el papel crucial y la relevancia que los grandes depredadores como el lobo ibérico, tienen como especies claves ("keystone species") para la conservación a largo plazo de la biodiversidad de los ecosistemas que ocupan (24). Su presencia, regulada por condiciones naturales, tiene un papel imprescindible e irreemplazable (24,25).  Manteniendo poblaciones saludables de lobos mejoraremos en términos ecológicos, el conjunto de elementos naturales que con ellos coexisten (25,26).

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Lobo abatido por los agentes ambientales en un control por daños en el Parque Nacional de Picos de Europa.
Tampoco hubo lugar para mencionar los problemas que generan los perros asilvestrados, cuyos daños son a menudo atribuidos sistemáticamente a los lobos, sin el empleo de análisis genéticos, que, hasta ahora, son el único método que permite sin lugar a equivocaciones determinar la autoría de los daños (27,28), o hablar, aunque fuese someramente, de la picaresca existente en algunas denuncias por presuntos daños de lobo, que no sólo son un fraude, sino que además inflan y sesgan las estadísticas relacionadas con el gasto que supone conservar el lobo (19,29).

Tampoco hemos mencionado las amenazas que se ciernen sobre la conservación del lobo ibérico. Se ha revelado que las repercusiones del furtivismo y la pérdida de hábitat son superiores a las estipuladas por quienes gestionan la especie (30). A ello, debemos añadirle los controles "legales" y el aprovechamiento cinegético. Sus efectos sobre la viabilidad genética de las poblaciones a largo plazo empiezan a ser estudiados y nos muestran horizontes turbios (31). Por todo ello, la gestión de sus poblaciones debe hacerse con especial cuidado, y no con la simpleza con la que se ha venido haciendo hasta ahora (32).

Sin duda, la promoción y generalización de los métodos de prevención y una mejora en las políticas de gestión que vayan guiadas por pautas de conservación y no encaminadas hacia intereses políticos, puede contribuir a una reducción de la presión antrópica que sufre el lobo ibérico. Posiblemente, además, redundaría en una mejora de su percepción en el mundo rural. Finalmente, la persecución firme del furtivismo y una mayor sensibilidad ambiental por parte de las administraciones pueden lograr a alcanzar los objetivos de la Estrategia nacional de conservación y gestión del lobo. Este hecho sería dar un buen paso para contribuir a la viabilidad y funcionalidad de la población del lobo en los ecosistemas de la península Ibérica.

Rubén Portas Pérez. ( Este enderezo de correo-e está protexido contra spam bots, necesitas ter o Javascript activado para podelo ver )

Agradecimientos:

A Jorge Echegaray por ilustrarme con su numerosa bibliografía y actuar como un verdadero mentor; a Javier Talegón por enseñarme el significado práctico de la palabra rigor; a Pablo Sierra por sus numerosas clases de ética naturalista y a toda la junta directiva de ASCEL, por transmitirme toda su experiencia, perseverancia y apoyo. En gran parte, ellos son los que logran que me mantenga al pié del cañón, y, en general, a todos los loberos que no se preocupan sólo de ver lobos.

Referencias bibliográficas:

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(6) Menatory, G. La vie des loups. Ed. Stock.

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