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Fracaso del Plan de Acción para detener la pérdida de Biodiversidad en 2010 PDF Imprimir Correo-e

banner_biodiv.jpgLa pérdida de biodiversidad es catastrófica e irreversible. Sin embargo, los objetivos que se planteó la Unión Europea para detener la pérdida de biodiversidad en Europa en 2010 están siendo claramente incumplidos por falta de voluntad política. Un artículo de Theo Oberhuber, coordinador de campañas de Ecologistas en Acción.

En los últimos 30 años han sido varios e importantes los expertos, especialmente ecólogos, que vienen advirtiendo del proceso de pérdida de biodiversidad, realizando diversas estimaciones sobre el número de especies que desaparecen cada año en el mundo. En 1979 Norman Myers anunció que unas 40.000 especies desaparecían anualmente; dos años más tarde Paul Ehrlich hablaba de la pérdida 250.000 especies por año, y anunciaba la pérdida de la mitad de las especies hacia el año 2000; mientras que en 1992 el biólogo Edward O. Wilson, considerado el padre de la biodiversidad, estimaba una horquilla de 27.000 a 100.000 especies desaparecidas al año.

Aunque el rigor de algunas de estas estimaciones sea discutible, la realidad es que actualmente existe un amplio consenso sobre la extrema gravedad del ritmo de pérdida de biodiversidad en el mundo, aunque no conozcamos con exactitud si la tasa de extinción actual es cien, mil o cinco mil veces superior a la tasa de extinción natural.

Pérdida de biodiversidad en Europa

Esta pérdida de biodiversidad se viene produciendo en todo el mundo, pero debido al crecimiento económico que Europa ha sufrido en las últimas décadas su biodiversidad se ha puesto bajo una enorme presión. Según la Evaluación de Ecosistemas del Milenio, los ecosistemas europeos han sufrido una fragmentación mayor que en cualquier otro continente. La intensificación en el uso de las tierras, y que sólo en los últimos veinte años las zonas construidas hayan aumentado un 20%, entre otras muchas presiones, ha provocado que el 50% de las especies y quizás hasta el 80% de los tipos de hábitat de interés comunitario presentan un estado de conservación desfavorable.

2010-biodiversity_countdown.jpgConcretamente el 42% de los mamíferos autóctonos, el 43% de las aves, el 45% de las mariposas, el 30% de los anfibios, el 45% de los reptiles y el 52% de los peces de agua dulce están amenazados de extinción en Europa. Además, la mayor parte de las grandes poblaciones de peces marinos se encuentra por debajo de los límites biológicos seguros; 800 especies vegetales están amenazadas de extinción y 600 se consideran extintas en su medio natural o extremadamente raras; y la diversidad de las formas de vida inferiores, especialmente los invertebrados y los organismos microbianos, está sufriendo unas modificaciones que no se conocen con precisión, pero que podrían ser significativas. Del mismo modo, al menos 97 razas de animales domésticos se han extinguido en los últimos años, mientras que casi el 30% se encuentran en situación de riesgo.

Por otra parte, muchos ecosistemas valiosos se han degradado y fragmentado, perdiendo su capacidad de prestar importantes servicios. Sólo puede considerarse intacto entre el 1% y el 3% de los bosques de Europa Occidental; desde los años cincuenta Europa ha perdido más del 60% de sus humedales y la mayor parte de sus tierras agrícolas con alto valor natural. Pero además, el impacto que Europa genera sobre la biodiversidad se extiende más allá de sus propias fronteras. Europa consume recursos producidos en todo el planeta para alimentar, vestir, alojar y transportar a sus habitantes. Y los residuos que genera también se extienden por todo el planeta.

Es cierto que en los últimos años también se observan algunas tendencias positivas. Por ejemplo en la conservación de algunas especies, fundamentalmente de aves y grandes mamíferos, y la evaluación más reciente realizada dentro del proyecto SEBI (Streamlining of European Biodiversity Indicators) para la racionalización de los indicadores europeos de la biodiversidad, dirigido por la Agencia Europea de Medio Ambiente, que puso de manifiesto tendencias positivas, por ejemplo en la calidad del agua.

No obstante, estas mejoras son coyunturales frente a la destrucción sistémica a la que ya se enfrenta la biodiversidad, y a la que hay que sumar los efectos que ya está teniendo el cambio climático. O las consecuencias, económicas y ecológicas, que tendrá el constante aumento del número de especies invasoras en Europa, amenaza que cada día tiene más importancia frente a la persecución directa o la destrucción del hábitat, y que está en auge en buena medida por el fomento del libre comercio.

Objetivo 2010

Ante el constatado incremento del ritmo de perdida de biodiversidad en Europa, y en cierta medida empujados por el Convenio de Biodiversidad que ya venía debatiendo la necesidad de adoptar compromisos firmes en esta materia, el Consejo Europeo de Gotemburgo, en junio de 2001, aprobó el objetivo de frenar la pérdida de biodiversidad para 2010 en Europa.

Con este acuerdo, los jefes de Estado de la UE asumieron un complejo objetivo, sin ser realmente conscientes de la dificultad de su cumplimiento, y desde luego sin la intención real de cumplirlo, como lo demuestra que no aprobaran de forma simultánea las medidas necesarias, o que tampoco trasladaran la prioridad de conservar la biodiversidad a las políticas sectoriales de sus propios gobiernos.

saramaganta.jpgLo poco que duró el espíritu de Gotemburgo puede ejemplificarse con lo que hizo el entonces Presidente del Gobierno español, José María Aznar. Sólo 15 días después de comprometerse a frenar la pérdida de biodiversidad su Gobierno aprobó la Ley 10/201 del Plan Hidrológico Nacional, un plan que se ganó el rechazo de las organizaciones ecologistas, todo tipo de organizaciones sociales y expertos en la gestión hidrológica, y que provocó algunas de las principales movilizaciones de las últimas décadas, todo ello, entre otras causas, por las graves consecuencias que tenía para la biodiversidad.

Plan de Acción

Tras la Cumbre de Gotemburgo, el objetivo 2010 fue reconfirmado en varias cumbres posteriores así como en el Sexto Programa de Acción en Materia de Medio Ambiente de la UE, pero no fue hasta cinco años después, en 2006, cuando la Comisión aprobó por fin una comunicación en la que establecía el nuevo Plan de Acción para detener la pérdida de Biodiversidad (PAB) para 2010. Incluyendo una hoja de ruta con responsabilidades detalladas para las instituciones y los Estados miembros de la UE, además de especificar los indicadores a utilizar para supervisar el progreso.

Este PAB pretendió reforzar la acción para detener la pérdida de biodiversidad en la UE, acelerar el avance hacia la recuperación de los hábitats y sistemas naturales en la UE, y optimizar la contribución de la Unión hacia una reducción significativa de la tasa de pérdida de biodiversidad en el mundo hacia el año 2010. Para lo que identificó cuatro grandes ámbitos de actuación política y planteó diez objetivos clave para alcanzar la meta en 2010 de iniciar la recuperación de la biodiversidad. Éstos se traducen, a su vez, en más de 150 acciones prioritarias y medidas de apoyo a llevar a cabo frente a metas temporales, tanto a nivel nacional como europeo.

Aunque este Plan debía suponer un nuevo enfoque importante de la política europea en materia de biodiversidad, se limitó, como en otras ocasiones, a establecer medidas cosméticas, no basadas en un análisis en profundidad de los orígenes socioeconómicos de la pérdida de biodiversidad, y sin condicionar las diferentes políticas sectoriales a las necesidades de la conservación y regeneración de la naturaleza. Resulta evidente que sin un profundo conocimiento de cada una de las causas que ha provocado la pérdida de biodiversidad y las interacciones existentes entre ellas, este plan no podía establecer las medidas necesarias y que estaba condenado a establecer medidas de final de tubería, medidas necesarias en la gran mayoría de los casos, pero insuficientes por sí solas para frenar la pérdida de biodiversidad.

Un claro ejemplo lo encontramos en la Red Natura 2000. Tanto el PAB, como el Sexto Programa, insisten en la necesidad de finalizar el proceso de creación de la Red Natura y de elaboración de sus planes de gestión, aunque no establece la necesaria financiación para ello. Sin embargo, de forma simultánea la UE financia la red europea de infraestructuras (carreteras, vías férreas y navegables, puertos, aeropuertos, medios de navegación, etc.) que altera, destruye o fragmenta la Red Natura 2000 y subvenciona la Política Agrícola Común caracterizada por priorizar una actividad agraria intensiva, que exprime la tierra y la contamina. Éstos son sólo dos ejemplos de las muchas políticas sectoriales que la UE apoya económicamente y que no tienen ninguna consideración para la conservación de Natura 2000.

La CEEweb para la biodiversidad, una red de ONG de centro y este de Europa, ha concluido en su análisis del PAB que "No se puede esperar que la Comisión Europea, ni los Estados miembros, paren la pérdida de biodiversidad y pongan en práctica todas las medidas si los factores socio-económicos fundamentales permanecen inmutables, y vuelven a generar constantemente los problemas contra los que las instituciones están luchando. Para esto, el PAB ha tomado el mismo enfoque fallido que otras políticas medioambientales, y desde una perspectiva sistémica, está aplicando soluciones finales, sin tener en cuenta el medio ambiente en general".

xavier_pousa_carballos.jpgPero este Plan no sólo tiene graves carencias en sus objetivos y en las medidas establecidas, sino que tampoco está siendo cumplido por las diferentes administraciones. Tal y como establecía el Plan, en diciembre de 2008 se realizó una evaluación intermedia del mismo cuyas conclusiones han reflejado que "va a ser muy improbable, a la vista de los esfuerzos actuales, que pueda conseguirse el objetivo global de detener la pérdida de biodiversidad en la UE antes de 2010. Para ello se requeriría un compromiso más decidido por parte de la Comunidad Europea y los Estados miembros en los dos próximos años, simplemente para acercarse más a ese objetivo [...] Va a ser preciso consolidar el marco de acción de la UE a favor de la biodiversidad, ya que sigue teniendo grandes lagunas, por ejemplo en el caso de las especies invasoras. Es necesario, asimismo, establecer un marco jurídico eficaz para la conservación de la estructura y funciones del suelo. Uno de los retos clave sigue siendo la integración de las consideraciones relativas a la biodiversidad en otras políticas".

Esta evaluación intermedia del Plan de Acción, aunque reconoce lo más evidente, es decir la práctica imposibilidad de cumplir el objetivo de 2010, no realiza un análisis del grado de cumplimiento de los objetivos y las principales actuaciones incluidas en el Plan. Además, carece de una evaluación del Plan por Estados miembros, algo que permitiría comprobar el escasísimo esfuerzo que en realidad se ha realizado para, al menos, ralentizar la actual tasa de extinciones. Concretamente en lo que se refiere al Estado español, Ecologistas en Acción ha iniciado un repaso de las actuaciones que las administraciones españolas deberían haber desarrollado en cumplimiento del PAB, y aunque las conclusiones son todavía muy provisionales ponen en evidencia el escasísimo nivel de cumplimiento del Plan en nuestro país.

La evaluación final del Plan se realizará previsiblemente en el segundo semestre de 2009, durante la Presidencia sueca de la UE, y aunque el fracaso del mismo es ya evidente, será interesante, si se hace una buena evaluación del mismo, comprobar a qué motivos se responsabiliza de dicho fracaso y qué Estados europeos han realizado auténticos esfuerzos para intentar cumplir el objetivo de 2010.

Objetivo 2020

Tras el rotundo fracaso de detener la pérdida de biodiversidad para 2010, durante el presente año se ha iniciado el debate sobre qué objetivo debe asumir la UE para 2020. Aunque todavía no se han destapado las propuestas, sí se han difundido planteamientos, como los de European Habitats Forum (coalición de 17 ONG de la UE), planteando que "los lideres de la UE deberían comprometerse a un nuevo objetivo para 2020 que vaya más allá del freno a la pérdida de biodiversidad y que incluya objetivos para la recuperación de especies emblemáticas, de hábitat y de su funcionalidad, y alcance sinergias entre mantener la biodiversidad y mitigar y adaptarse al cambio climático".

Es evidente que no se pueden repetir los errores del pasado a la hora de plantear el nuevo objetivo, especialmente el no tener en cuenta las raíces socioeconómicas de la pérdida de biodiversidad y no condicionar las políticas sectoriales a la prioridad de la conservación. Pero además, sería conveniente incorporar este objetivo en un planteamiento a más largo plazo, quizás 2050, con metas específicas y medibles para valorar su progreso, sin olvidar indicadores adecuados, y relacionando el objetivo con la importancia de los servicios ambientales. Sería también imprescindible que de forma paralela se elaborase un nuevo plan que incorporase las medidas necesarias para trabajar durante los 10 próximos años en la dirección adecuada.

Pero hay que ser conscientes del riesgo de que la UE, tras su primer fracaso, apueste por un objetivo mucho más humilde y no aproveche esta ocasión histórica para por primera vez plantearse en serio frenar la pérdida de biodiversidad.

Este artículo se publicó en el número 62 (otoño 2009) de la revista Ecologista

 
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