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Para superar a crise...
 
Las Albarradas de la costa ecuatoriana: entre el conocimiento local y las políticas de desarrollo. PDF Imprimir Correo-e

albarrada_1.jpgEn la costa de Ecuador, poblaciones que habitan zonas áridas llevan unos 3.500 años utilizando un método de captación y acumulación de agua de lluvia conocido como "albarrada". A pesar de su demostrada eficacia y de la biodiversidad asociada a ellas, las albarradas -como en general los saberes y cultura ancestrales de los pueblos indígenas y comunidades campesinas-, son ignoradas o despreciadas como atrasadas por los agentes de desarrollo. Un artículo de Claudia González Andricaín.

Los comuneros de la costa ecuatoriana

En la franja costera de las provincias ecuatorianas Guayas y Manabí, habitan comunidades descendientes de la cultura Manteño-Huancavilca que utilizan y reproducen una tecnología ancestral para su suministro de agua, las Albarradas.

Estas comunidades se encuentran en su mayoría organizadas en Comunas desde que en 1937 el Estado ecuatoriano aprobó la Ley de Organización y Régimen de Comunas (Álvarez, 2001). Entre otras cosas, esto significa que los pobladores tienen un régimen jurídico especial de propiedad colectiva sobre el territorio que comprende la Comuna, gestionado por los cabildos comunales (dirigencia de la Comuna que se elige cada año) y controlado a través de las asambleas comunales. El manejo de la mayoría de las albarradas en la región está normado y transcurre en los marcos de las organizaciones comunales.

Las albarradas son estructuras de tierra en forma de herradura que permiten captar y almacenar el agua de los pequeños riachuelos que se forman cuando llueve (escorrentías), de manera tal que la comunidad cuente con agua, si no todo el año, al menos una buena parte de este. En la superficie del agua se siembran plantas que la oxigenan, protegen de la evaporación, mantienen fresca y coadyuvan a consolidar un pequeño ecosistema acuático. Así mismo, se siembran árboles en los muros para fortalecerlo y dotar de sombra al lugar. Es por esto que otra de las funciones de las albarradas es servir de sostén para la biodiversidad local. (Marcos, coord. 2004)

 En esta región sólo llueve una vez al año durante un corto período de tiempo, los ríos son intermitentes y se secan rápidamente por lo que crear una fuente alternativa y estable de agua ha sido muy importante para estas poblaciones. Sin la presencia de esta tecnología distribuida por todo el territorio, se hace impensable concebir la ubicación de los actuales asentamientos humanos y su permanencia en el área desde hace tantos siglos.

Estas estructuras requieren del mantenimiento y cuidado de la comunidad puesto que pueden ser destruidas en una época de abundante lluvia por la fuerza del agua. Así mismo, el limo arcilloso que arrastra el agua cuando se deposita en la albarrada puede bloquear el desaguadero, o directamente disminuir su capacidad de carga hasta cubrirla completamente. Por estas y otras razones, es necesaria una población organizada y con experiencia en la construcción, cuidado y manejo de estas estructuras para que perduren en el tiempo.

Un dato importante es que las albarradas han sido construidas en esta región desde hace aproximadamente 3.500 años (Marcos, coord. 2004), por lo que se infiere que, aunque no haya sido bajo la figura comunal, las poblaciones de la zona siempre han estado organizadas para el manejo de sus recursos.De hecho en la actualidad, en los casos en los que la organización comunal está ausente, otras formas organizativas asumen el cuidado de las albarradas.

Hoy en día, las Comunas de la costa constituyen un espacio de autonomía política y económica, a la vez que un espacio sociocultural particular dentro de la región costera del Ecuador (Álvarez y otros, 2002). No obstante, en los análisis realizados alrededor del saber local sobre el recurso agua y su implementación, es necesario tomar en cuenta el contexto mayor de las Comunas, que involucra a las realidades regional, nacional e incluso internacional.

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Albarrada (Fuente: Archivo de fotos del proyecto Albarradas de la Costa) 

En todo este contexto lo más notable es la situación de pobreza extrema en la que viven estas poblaciones, que los obliga a migrar hacia los centros urbanos en busca de trabajo. Numerosos programas de desarrollo que se están implementando en estas comunidades a través de instituciones gubernamentales y no gubernamentales, intentan cubrir las necesidades más básicas. Llama la atención también la dura competencia con otros sectores económicos de la región por los recursos comunales, fundamentalmente las tierras, lo que ha provocado la pérdida de una buena parte del territorio comunitario a través de las ventas o de las invasiones, además de serios conflictos al interior de las Comunas.

La situación de pobreza en que se desenvuelve la sociedad comunera, es empeorada por las condiciones medioambientales deterioradas que encontramos en la zona costera. Los cambios climáticos que provocan fuertes inundaciones y largos períodos de sequía han fragilizado aún más la economía de esta población.

Todos estos factores han ayudado a conformar un contexto hostil para la supervivencia de las Comunas. Las capacidades para la producción y reproducción social, material y simbólica de estas comunidades se han debilitado notoriamente. Este debilitamiento afecta en gran medida a las posibilidades de valorización y puesta en práctica de los saberes locales, de sus experiencias y conocimientos relacionados con el uso y manejo de los recursos naturales. El conocimiento local acerca de las albarradas también se ha visto afectado.

Sistemas de aprovisionamiento de agua

La permanencia de las albarradas en la región durante tantos años nos da una idea de cuán importantes son para la población local, en el entorno ambiental específico en el que viven. Así mismo, cuánto saber encierran en sí estas estructuras ancestrales, saber que se ha pasado en estas comunidades generación tras generación hasta hoy en día, a pesar de la desestructuración dramática que significó la colonización española.

Para comprender en toda su dimensión a esta tecnología, fue necesaria la articulación de datos aportados por equipos de investigación de diversas disciplinas (Arqueología, Antropología, Sociología, Botánica, Geología, Paleobotánica). El trabajo en conjunto nos permitió entender a las Albarradas como una compleja estructura cuyos principales componentes, identificados hasta el momento, serían:

  • conocimiento acumulado que permite el manejo del medio ambiente;
  • capacidad de trabajo colectivo organizado;
  • normas, valores y conductas que orientan la gestión de los recursos naturales;
  • estructura física de la albarrada;
  • estructuras asociadas: pozos de agua dentro y fuera de la albarrada, muelles, lavaderos (Marcos, coord. 2004).

El análisis de la albarrada de manera aislada nos permite ver cómo se combinan estrategias eco-culturales, con estrategias organizacionales para el buen funcionamiento de la misma. Así mismo, cómo se manejan de manera colectiva y consensuada plantas acuáticas y terrestres, algunas especies animales, trayecto de escorrentías de lluvia, tipos de suelo, gradiente de los terrenos, existencia de los acuíferos, eventos climáticos. Es parte del saber local que poseen los comuneros y que se transmite por vía oral y a partir de la socialización en las actividades comunales.

 Todos los elementos antes mencionados se articulan y hacen que la albarrada en sí misma funcione como un gran Sistema. Sin embargo, a través del trabajo de campo nos dimos cuenta que no siempre las albarradas eran utilizadas como unidades aisladas. Las comunidades suelen articular el uso de varias albarradas en función de sus características: tamaño, ubicación con respecto al centro poblado, acceso del ganado, calidad de agua, etc., conformando lo que denominamos como Sistemas de Albarradas (Álvarez y otros, 2004).

Estos sistemas de albarradas se ubican a su vez en un espectro mayor, junto con tecnologías ‘modernas' de suministro de agua tales como tanqueros (carros cisternas que cargan agua), tanques elevados ubicados en los centros poblados, el canal de CEDEGÉ[1] creado a partir del trasvase Daule - Peripa y las redes de agua entubada. Una parte de las comunidades no posee más fuente de agua que las albarradas y algunos pozos, producto de su situación de lejanía con respecto a las carreteras, pero son pocos los casos.

El conjunto de las funciones que tienen las albarradas no ha sido totalmente desplazado por las nuevas formas de abastecimiento que se han ido implementando, sino que han cambiado incorporándose a un sistema mayor. Pero esta incorporación no ha ocurrido a partir de la complementación de saberes diversos, del respeto y comprensión de las tecnologías tradicionales.Hemos observado que se han impuesto nuevos patrones (arbitrarios) de valoración de las calidades de agua que han desplazado en importancia a las albarradas, hecho en el que participan profesionales de las instituciones de desarrollo presentes en la región, y algunos comuneros y comuneras que viven en las ciudades. Así mismo, de manera interesada, ciertas personas se encargan de desprestigiar las fuentes tradicionales de agua en pos de aumentar sus ventas en las comunidades, socializando comentarios despectivos acerca de la calidad del agua de las albarradas. Y todo esto sin que hayamos tenido noticia alguna de un estudio comparativo, confiable, de las calidades de agua.

                Se ha asumido a priori que las tecnologías modernas son una garantía de calidad, y que el agua de las albarradas es insana y debe pasar a un tercer o cuarto plano. Por esta razón, en las comunidades prefieren beber el agua del tanquero a pesar de que hasta en la prensa se denuncia su mala calidad.

De manera contraria a lo que se espera, la introducción de estas nuevas tecnologías en las comunidades no ha mejorado el acceso al agua. Veamos algunos de los problemas.

 

-         Acceder al agua del tanquero o al agua entubada depende de la capacidad adquisitiva de cada familia, por lo que las familias más pobres de las comunidades que descuidaron sus albarradas, tienen problemas para suplir sus necesidades y en algunos casos se endeudan. Así mismo, las familias restringen peligrosamente la cantidad de agua que utilizan, descuidando la higiene y la limpieza.

-         El canal de CEDEGÉ se construyó para apoyar a la agricultura en la región, pero es sumamente cara y no constituye una alternativa real para las Comunas. Ni siquiera los hacendados (en mejor situación económica) lo consideran una buena opción, mas bien se han interesado por las albarradas para resolver algunas de sus necesidades productivas.

-         El aumento de la salinidad y de los precios del agua entubada, son una queja general en la zona costera de la provincia del Guayas. Al parecer los acuíferos se han empobrecido y salinizado, pero ninguna institución relacionada con el agua se hace responsable ni asume una investigación al respecto.

Las Comunas continúan utilizando las albarradas, pero en un contexto en el que son una tecnología desvalorizada y el conocimiento local que permite construirlas y mantenerlas se debilita. En un contexto, además, en el que tampoco las tecnologías modernas garantizan un acceso efectivo al recurso agua, y cuando llegan a las comunidades no lo hacen con los controles y la calidad adecuados.

Aunque varios sectores sociales de la región contribuyen a esta situación desde argumentos e intereses diversos, los técnicos de las instituciones de desarrollo son los más notables. Tomemos en cuenta su importante presencia en las comunidades, y las posibilidades efectivas de imponer sus puntos de vista dado que manejan la mayor cantidad de fondos que allí se invierten.Ninguna de las instituciones que trabajan en la mejora del suministro de agua de estas comunidades se interesa en el saber local relativo a esta tecnología, y los proyectos se diseñan desde una ignorancia notoria acerca de las características y el funcionamiento de las albarradas, así como del patrón tradicional para el manejo del agua.

Dada la influencia y poder de las instituciones de desarrollo en la región, reparemos en este importante sector.

 

Relaciones interculturales en el marco de los programas de desarrollo

Las instituciones de desarrollo son un actor relativamente novedoso en la realidad comunal de la costa ecuatoriana. El auge de su presencia en la región tiene lugar en la década de los noventa (Becerra y otros, 2001) y se enmarca dentro del nuevo contexto neoliberal ecuatoriano.

Ya desde mediados de los años ochenta el Estado ecuatoriano comenzó a poner en práctica políticas neoliberales; políticas que han producido una continua disminución de su presencia y responsabilidad respecto al bienestar social. En este contexto, las estrategias de desarrollo se han diseñado desde las ONGDs (Organizaciones No Gubernamentales de Desarrollo) y algunas instituciones estatales, bajo una misma lógica neoliberal. La lógica neoliberal se caracteriza por la tendencia a fragmentar y focalizar las acciones a realizar, así como por la estratificación de la población beneficiaria de las mismas, es decir, se orientan fondos para áreas de desarrollo específicas (salud, educación, medio ambiente, etc.) hacia segmentos especiales de la población: mujeres, indígenas, niños, jóvenes, poblaciones aisladas geográficamente, etc. (Bretón, 2001; Becerra y otros, 2001).

En las Comunas de la región costera, donde ya era prácticamente escasa la presencia del Estado ecuatoriano, este proceso se vivió en medio de una profunda crisis económica. Allí se hace evidente que las instituciones de desarrollo (gubernamentales y no gubernamentales) cubren débilmente estos vacíos que las políticas públicas no asumen. Es importante puntualizar que la situación ha llegado a tal extremo, que actualmente las ONGDs se han constituido en los interlocutores por excelencia con los que la población comunera debe negociar sus carencias socio-económicas (González, 2003).

Un 6% de las ONGDs que operan en el Guayas recibe donaciones de medicamentos, alimentos o equipamiento (sanitario y educativo) del Ministerio de Bienestar Social, convirtiéndose así en intermediarias de la acción social del gobierno. Las restantes tienen escaso o nulo vínculo con el Estado, notándose la falta de un marco jurídico que sirva de soporte a las acciones de las ONGDs (Becerra y otros, 2001). Tal situación fomenta, aparte de otras deficiencias: la desconexión entre agencias de desarrollo que poseen objetivos comunes, el descontrol sobre las acciones que éstas emprenden, así como la ausencia de respaldo estatal para dar continuidad a los servicios que se ofrecen.

Para el diseño de los proyectos, un gran número de las instituciones de desarrollo emplea metodologías como el FODA y el Diagnóstico Comunitario. Ambas son calificadas como metodologías participativas, una garantía de que los proyectos realmente respondan a necesidades y expectativas consensuadas por la comunidad.

El FODA es una metodología diseñada para mejorar la actividad de las empresas. Se caracteriza por la determinación de las Fortalezas, Oportunidades, Debilidades y Amenazas del grupo en cuestión, para, sobre la base de esta información, planificar los pasos futuros (Escobar, 1996). Los resúmenes FODA que pudimos revisar, reproducen casi mecánicamente el esquema diseñado para una empresa, no toman en cuenta que se trata de grupos sociales que no suelen explicarse su realidad a través de estos cuatro parámetros.

Este problema no es exclusivo de la costa ecuatoriana, el antropólogo colombiano Arturo Escobar ha descrito situaciones similares refiriéndose a las instituciones colombianas: "Las categorías determinan el acceso a los recursos, de modo tal que la gente tiene que ajustarse a la categorización para tener en sus relaciones éxito con la institución. Un mecanismo clave que opera aquí es que toda la realidad de una persona queda reducida a un único rasgo a característica (acceso a la tierra, por ejemplo, o incapacidad para leer y escribir). En otras palabras, la persona se convierte en un ‘caso'. Rara vez se entiende que el caso es más un reflejo de la forma en que la institución construye el ‘problema', y toda la dinámica de pobreza rural queda reducida a la solución de un número de ‘casos', sin conexión aparente con determinantes estructurales, ni mucho menos con las experiencias comunes a la población rural." (1996: 212-213).

El Diagnóstico Comunitario es otra metodología que persigue determinar colectivamente las necesidades de la comunidad, así como las potencialidades y recursos que se poseen para resolverlas. Las categorías que mayormente se utilizan en esta metodología son: Necesidad, Solución e Institución de Apoyo. A partir de estos datos se diseña el Plan Operativo Anual de la comunidad, documento que serviría de guía a los dirigentes para encaminar el desarrollo comunitario (FISE, 2004). Con dos diferentes enfoques se persigue el mismo objetivo, obtener información lo más rápidamente posible, a la vez que garantizar la efectividad y perdurabilidad de los proyectos.

Otro de los objetivos de estas metodologías es iniciar a las comunidades en la ideología neoliberal y encaminarlas en ese sentido. En los manuales publicados para la aplicación del FODA o del Diagnóstico Comunitario Participativo, queda claro que debe eliminarse la idea de un Estado responsable de las necesidades básicas de las comunidades (salud, educación, sanidad etc.). El técnico es entrenado para trabajar con las comunidades en la búsqueda de soluciones para sus necesidades, ubicando éstas únicamente al interior de la comunidad y en alguna ONGD (ayuda privada) que colabore. El Plan de Desarrollo que el técnico elabora junto a la comunidad sólo debe contemplar estas dos fuentes de recursos. La creación de responsabilidades privadas suele ser el punto de partida de un gran número de instituciones de desarrollo.

Aparte de los problemas ideológico-estructurales, estos proyectos de desarrollo tienen la dificultad de que no se basan en un conocimiento profundo de la comunidad y de su realidad. A pesar del esfuerzo de los técnicos por hacer participar a las y los comuneros, los proyectos tienen más que ver con el perfil de la institución que con las costumbres, las necesidades y los ritmos de las comunidades. Generalmente hay una visión preconstruida de los problemas, y se imponen conceptualizaciones y dinámicas de trabajo ajenas a las locales.

Por parte de algunos comuneros, comuneras y dirigentes comunales en general, existe una actitud crítica hacia las formas y los fondos de los proyectos que se implementan. Sin embargo, no parece haber un discurso elaborado desde las Comunas que conteste explícitamente la hegemonía de los modelos occidentales de desarrollo y el poder que llegan a alcanzar sus ‘facilitadores'. En casos en los que tienen lugar serias contradicciones entre estos modelos y los modelos autóctonos de producción y reproducción, no observé de parte de los y las comuneras una postura definida frente a ello que les permitiera sistematizar la experiencia. No parece haber un sentido de derecho y autoridad que les facilite superar algunas de estas contradicciones con los técnicos de las instituciones, o exigir mínimamente los espacios de igualdad que abre el discurso de la participación.

Como mencionamos anteriormente, los técnicos que trabajan en proyectos dirigidos a solucionar los problemas de abastecimiento de agua de la región desconocen que exista un patrón local de gestión del recurso hídrico. De hecho, muchos de ellos desconocen la existencia de las albarradas a pesar de la presencia numerosa y antigua de estas estructuras en la región. Se puede establecer como tendencia que no se concibe de parte de ellos que los comuneros posean conocimientos útiles y efectivos para el manejo del medio ambiente regional.{quotes}Desconocer o subestimar el saber y el manejo local del agua, ha tenido consecuencias negativas tanto para las instituciones de desarrollo como para las comunidades.{/quotes} A continuación mostraré algunos de los casos más elocuentes.

 La represa de San Marcos:

El caso de la represa de San Marcos es uno de los más significativos. El desconocimiento de las características físico-ecológicas de las albarradas por parte de los técnicos del proyecto, puso en peligro la integridad física de los y las comuneras.

La represa de San Marcos fue construida en 1997 por ingenieros civiles que intentaron reproducir lo que a simple vista parece el patrón de las albarradas (un muro de tierra que retiene el agua de las escorrentías de lluvia, nada más). A partir de esta preconcepción se hizo un gran movimiento de tierra para construir el muro de una albarrada grande, justo en el centro poblado de San Marcos.

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Vista panorámica del muro de la represa San Marcos y su exclusa (Fuente: Archivo de fotos del proyecto Albarradas de la Costa).

 

Como norma general, al costado de las albarradas se excava un pequeño desnivel que actúa como desaguadero, manteniendo estable el nivel del agua. Este desnivel suele derivar el agua a un terreno más bajo que garantiza que el agua fluya naturalmente fuera de la albarrada, pero sin alterar su capacidad de carga (Marcos, coord. 2004). En lugar de este desaguadero semi-natural de las albarradas tradicionales, los ingenieros construyeron una esclusa en el muro. Una vez concluida la construcción, dejaron sus orientaciones a los comuneros sobre cómo utilizar la compuerta de la esclusa y se retiraron.

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Acercamiento al Colegio San Marcos después del rompimiento del muro de la represa (Fuente: Archivo de fotos del proyecto Albarradas de la Costa).

Al llegar la época de lluvias la represa comenzó a llenarse. La intensidad de las lluvias fue mayor de lo normal así que cuando el nivel de agua comenzó a sobrepasar el límite del muro, el comunero encargado abrió la compuerta de la esclusa. Desgraciadamente esto no fue suficiente, la construcción no contaba con otras vías de desagüe y no resistió. Lo grave es que la parte central del muro fue construida de cara al centro poblado, por lo que al romperse la fuerza del agua arrastró una casa y parte del colegio comunal, recién construido también. Los pobladores llevaban tres días y tres noches vigilando y previendo el desbordamiento, habían evacuado las casas más cercanas al muro y gracias a eso nadie resultó herido. En la actualidad, una parte de los habitantes del recinto comunal en el que se encuentra esta represa rota, han resuelto la no reparación de la estructura hídrica.

               Cuatro años después llegué a esta Comuna a hacer mi trabajo de campo y aún no había sido arreglado el colegio. Ninguna institución se ha hecho responsable de lo ocurrido, ni ha ayudado a la Comuna a reparar los daños. Recién en el año 2006 la Junta de Padres de Familia comenzó los arreglos con parte de los fondos del Colegio.

Así mismo, tampoco se han investigado las causas del siniestro en aras de evitar que se repitan este tipo de accidentes. En dos ocasiones anteriores a este siniestro, en los años ochenta, se llevó a cabo la construcción y reconstrucción de esta represa, de menor tamaño y siguiendo el mismo modelo. En ambas ocasiones la estructura se rompió. Ni siquiera esta información llevó a los ingenieros a darse cuenta de que algo andaba mal en su modelo.

Hay que resaltar el hecho de que muchas albarradas antiguas han resistido durante cientos de años estas temporadas de fuertes y prolongadas lluvias sin romperse. La albarrada-represa de San Marcos es uno de los casos que mejor ejemplifica adonde puede llevar la subestimación de un saber, pero no es el único caso. Encontramos varias albarradas ‘modernas', grandes estructuras que implicaron inversiones importantes, que no habían resistido estos eventos climáticos. El proyecto Albarradas de la Costa encontró diferencias significativas en los patrones de construcción de ambos tipos de estructura que explican que las tradicionales sean más resistentes que las modernas.

La información aportada por los equipos arqueológico y sociocultural permite afirmar que las albarradas antiguas, resistentes a fenómenos climatológicos como el Niño, son el resultado de un esfuerzo colectivo de comuneros y comuneras quienes construyeron los muros de forma manual y durante periodos de tiempo prolongado. El crecimiento de los muros se produjo paulatinamente mediante la adición de sucesivas capas delgadas de tierra. Así mismo, la mayor parte del material geológico que se utilizaba para los muros provenía de la parte interna de la albarrada con lo que se garantizaba un material rico en limo arcilloso. Ambos factores derivaban en un mejor compactamiento y, consecuentemente, una mayor resistencia del muro. En contraposición a esta técnica, los muros modernos realizados con maquinaria son el resultado de una acumulación rápida y poco compactada de la tierra. (Marcos, coord. 2004)

Por otro lado los desaguaderos son totalmente diferentes. Los desaguaderos tradicionales se pueden ensanchar según se necesite, quedando siempre la posibilidad de abrir nuevos desaguaderos que drenen el agua hacia una zona más baja, evitando de este modo presión sobre el muro. Varios comuneros entrevistados plantearon que durante la construcción llamaron la atención sobre estos aspectos, pero que los ingenieros siempre ‘sabían' más que ellos.

Construcción de tapes vs. construcción de albarradas.

En el proyecto Albarradas de la Costa se realizó un censo de las albarradas funcionales presentes en la región, su localización, características, funciones, etc. En medio de esta actividad se descubrieron estructuras similares a las albarradas, a las que la gente llama ‘tapes' (no siempre los diferenciaban y encontramos algunos tapes a los que llamaban albarradas).

La  diferencia fundamental entre un tape y una albarrada, es que ésta última es construida de manera tal que sólo la alimentan escorrentías pequeñas de agua formadas por la lluvia. En el caso de los tapes el muro se construye ‘tapando' un río, un riachuelo o una escorrentía fuerte, con el fin de garantizar un rápido llenado de agua, en sólo una temporada de lluvias. En algunas ocasiones las albarradas necesitan más de una temporada de lluvias para su alcanzar un llenado completo. Construir estas estructuras tapando una escorrentía pequeña tiene la desventaja de que si llueve poco no se capta mucha agua, pero si llueve muy fuerte (que es lo común cuando tiene lugar un fenómeno del Niño) hay más posibilidades de evitar que se rompa el muro y salvar así, la estructura.

Uno de los resultados que arrojó el censo realizado fue que de los 87 tapes registrados, el 60% se habían roto en fuertes temporadas invernales (Marcos, coord. 2004). Esta es una cifra importante si se toma en cuenta la inversión en dinero, trabajo comunitario y expectativas que se ponen en este tipo de proyectos. No todos los tapes encontrados habían sido construidos por instituciones de desarrollo, pero sí suficientes como para hacer extensivo este resultado general. Este es otro ejemplo de fracaso, en el que los técnicos de las instituciones imponen un tipo de construcción ‘externa', para suplir a una tecnología tradicional, a la cual estarían supuestamente mejorando sin conocer a fondo sus características físico-ecológicas.

La albarrada de Sacachún.

Una institución de desarrollo vinculada a una organización indígena muy importante de Ecuador, la CONAIE[1], planteó llevar a cabo un proyecto en la Comuna Sacachún, que consistiría en construir una albarrada con cuya agua se regaría un huerto colectivo. El huerto se habilitaría en la parte posterior de la albarrada. La producción del huerto se incentivaría a través de un sistema de créditos que se entregaría por familias o por microempresas creadas para este propósito. Esta segunda parte es considerada la más importante puesto que de manera general el proyecto es descrito por las técnicos como un proyecto productivo.

En la Asamblea comunal en la que se expuso el proyecto a la comunidad, varios comuneros pidieron a las técnicos que consideraran mejor construir un pozo con un tanque elevado para que las familias tuvieran agua en sus casas. A esta petición se prestó nula atención, aconsejando únicamente que se hiciera llegar a la institución por escrito. Los comuneros confirmaron que la comunidad no desea una albarrada para uso agrícola, pues la cantidad de agua de una albarrada nueva es insuficiente para este fin. No sólo porque dependen de la estación lluviosa, sino porque la cantidad de agua, una vez llena, no podría ser utilizada para las labores agrícolas de más de 30 familias.

En las Comunas, aunque la propiedad de la tierra sea comunal, su usufructo es familiar, y un huerto colectivo rompe esta concepción e impone una inversión de tiempo y esfuerzo extra que los comuneros de Sacachún no estaban dispuestos a asumir. En todo caso, en la Comuna (ya a nivel interno) se manejó este proyecto como una imposición sin sentido. Los comuneros y comuneras querían que se construyera una albarrada o un tanque elevado cerca de la comunidad con el fin de abastecer de agua para las tareas domésticas y para el consumo diario. Esto es algo que debería evaluar la institución en sus visitas a campo: dónde se desea construir la albarrada, con qué fin, la accesibilidad a la gente, la accesibilidad al ganado, cuántas familias se beneficiarían, qué alternativas se pueden valorar para que ayude realmente a la productividad de la comunidad, etc.

Intentamos conversar con las técnicos de la institución pero estas sólo podían financiar un proyecto productivo, y se negaron a aceptar una propuesta de proyecto productivo que apoyara la producción familiar propia de la Comuna. Nuevamente una representación idílica de lo comunitario que no coincide con la realidad, se impone a una comunidad a través de un proyecto de desarrollo. Nuevamente se ignora el manejo tradicional de las albarradas y del agua de estas comunidades.

Reflexiones finales.

Las Albarradas son estructuras complejas que han permitido a estas poblaciones durante muchos siglos, la obtención y el uso del recurso agua, de un modo sostenible y equitativo. Su construcción y funcionamiento se basan, por un lado, en la aplicación articulada del saber local sobre diversos elementos del medio ambiente y, por otro, en las formas autóctonas de organización y manejo del recurso. Un conocimiento local de raíces muy antiguas, que constituye parte importante del patrimonio eco-cultural de las Comunas de la Costa, y del Ecuador.

A pesar de existir este rico y diverso patrimonio eco-cultural, en esta región del Ecuador no existe un contexto de interculturalidad simétrica, que permita la complementación e intercambio de los distintos saberes. Todo lo contrario, los resultados de la investigación sociocultural realizada con el proyecto Albarradas nos muestra un panorama en el que prima el rechazo y la subestimación al conocimiento autóctono de las poblaciones comuneras, a pesar de su efectividad histórica. Tal rechazo ha traído como consecuencia que en las Comunas las estrategias y tecnologías locales se debiliten, y que disminuya la calidad de vida al no haber tampoco acceso en buenas condiciones a las tecnologías ‘modernas'.

Aunque no sea intencional, las instituciones de desarrollo contribuyen a desconocer y desestructurar el patrón local de gestión del recurso agua. Son un sector muy importante debido a su presencia numerosa y a la repercusión significativa de sus proyectos al interior de la realidad comunal. El modelo de desarrollo que aplican los técnicos no ha sido capaz de superar la asimetría cultural existente en la región, y esto a pesar de que se basa en un discurso reivindicativo y respetuoso hacia las Comunas Las metodologías ‘participativas' no han mejorado esta situación, pues la participación y la interculturalidad deben ser una práctica constante de vida y no un requisito formal y puntual.

Este contexto asimétrico permite que agentes externos no sólo impongan un tipo de tecnología, sino además un patrón de uso, una racionalidad no local del consumo de agua basada en un estereotipo erróneo del modo de vida comunal. En el caso de Sacachún vemos la imposición de un estereotipo de estrategia de desarrollo que involucra a una tecnología ancestral. Es decir, la imposición de una forma externa de ver la producción agrícola comunal (en huerto colectivo), combinado con una forma, también externa, de ver la albarrada (fuente de agua para la agricultura). En la práctica, el usufructo de la tierra es familiar y las albarradas comunales rara vez tienen esa función.

Los otros casos muestran cómo los intentos por reproducir una tecnología sin conocerla a fondo, o de imponer una tecnología externa que supuestamente cumple la misma función (tapes), no sólo se convierten en inversiones inefectivas (perdida de dinero, derroche, etc.), sino que además, como se vio en el caso de San Marcos, pueden poner en riesgo la débil infraestructura comunal o la vida misma de los comuneros. Los tapes y la represa de San Marcos constituyen ejemplos claros de un proceso de imposición tecnológica y de fragmentación del conocimiento local, al imponerse nuevas formas de entender la tecnología.

He mostrado sólo tres casos, pero son muchos los proyectos que se aplican pasando por encima de los mecanismos locales de control y gestión, y de las propias aspiraciones de los comuneros (González, 2002). Estos proyectos atentan contra la continuidad de la gestión comunal del agua en relación a las albarradas, así como contra la propia concepción de qué es una albarrada o para qué sirve. Y esto en los casos en los que se toma en cuenta la albarrada, pues en la mayor parte de los proyectos se subvalora e invisibiliza esta tecnología, apartándola de las "nuevas" prioridades de las Comunas.

Tales resultados nos llevan a entender la necesidad de dar a conocer y poner en valor las tecnologías tradicionales y el conocimiento local acumulado de las Comunas de la costa ecuatoriana, especialmente ante las instituciones de desarrollo. El patrón local colectivo de gestión del recurso agua ha ofrecido y ofrece posibilidades reales de un acceso ecológico y equitativo, que puede muy bien contribuir al desarrollo sostenible de las Comunas. No se debe pretender un desarrollo comunal enajenado de su historia, de su patrimonio y del saber acumulado durante tantos cientos de años.

BIBLIOGRAFIA

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Álvarez S, Bazurco M, Burmester M, Gonzáles C. (2004) Organización social, cultura y gestión de los Sistemas de Albarradas en la Península de Santa Elena. Cap.5 En: Marcos, Jorge G. (coordinador) Las Albarradas en la Costa del Ecuador: Rescate del conocimiento ancestral del manejo de la biodiversidad CEAA/ESPOL. Guayaquil, Ecuador, 253-370.

Becerra, Carlos y otros. (2001) Las ONGs y el modelo neoliberal. Caso Guayas. Quito: Abya Yala e Instituto Ecuatoriano para el Desarrollo Social.

Bretón, Víctor. (2001) Cooperación al desarrollo y demandas étnicas en los Andes ecuatorianos. Quito: FLACSO.

Escobar, Arturo. (1996) La invención del tercer mundo, construcción y deconstrucción del desarrollo. Santa Fé de Bogotá, Colombia: Norma.

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Marcos, Jorge G. (coordinador) (2004) Las Albarradas en la Costa del Ecuador: Rescate del conocimiento ancestral del manejo de la biodiversidad CEAA/ESPOL. Guayaquil, Ecuador.



[1]              Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador.



[1]              Canal construido por una empresa mixta que permite llevar agua de la cuenca del río Daule a la Península de Santa Elena.

 

 

 
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